Entre Mares y Fuego
Arriba en la parte alta de la plaza marítima fije mis ojos en el este, a un lado la cordillera se erigía como una guardia de piedra, firme y vigilante ante la constante batalla que libran Júpiter y Neptuno por la supremacía del momento. En lo mas distante que puede conceder la vista hay sin embargo una tregua que parece inalcanzable entre la borrosa línea que separa el mar del cielo, desvaneciéndose mientras el horizonte al lado opuesto le advierte que volverán a cruzarse de nuevo.Era en el este del que te hablo en donde hace mucho tiempo atrás, un forajido de capa y espada había robado la magia que brotaba entre mares y fuego para darte la vida a ti, una semilla de diente de león dentro de una figurita de arena moldeada en armonía con la fineza de los suaves vientos de aquella primavera que te vio nacer. Eres una hija del océano, tan real y palpable como las huellas que dejas, así era el cabello tuyo que encontré en la manga de mí abrigo y el cual obsequie a un pescador de sueños para que remendara su canoa. Siempre dejaras un rastro a seguir hasta una próxima ocasión y como los extremos opuestos en los atardeceres, encontramos la manera de cruzarnos el uno al otro constantemente. Me pregunto que pensaras niña dandeliona cuando al pasar por tu lado soplo tus pétalos microscópicos para verlos volar con el tiempo. ¡Oh si! -el tiempo vuela cuando te ríes. Siempre quise transplantar una florecita de estas al jardín de mi mente, pero nunca he tenido el valor de hacerlo, por temor de que les cortase las raíces.
Mañana todo podría salir a flote, como puede que nunca suceda. Nada esta escrito, así que habrá mucho de que escribir, solo hay que llevar la punta de la pluma a lo largo del camino hasta dar con el último pétalo caído. Tal vez me este equivocando y puede que haya malinterpretado la manera coincidencial en la que haz aparecido de la nada para (sin haberlo querido) darle aliento a lo que parece vanamente ajeno para ti. Al final he sido yo quien ha dejado que el cuento se fundiera con la realidad. Solo puedo decirte con toda la sinceridad del poco mundo que conozco, que aquella tarde mientras contemplaba el horizonte y el fuego que en el se desencadenaba hasta fraguar el mar con una manta de lentejuelas, comprendí que existía alguna razón por la cual la brisa susurraba tu nombre e insistía en que volviese la mirada al Este una vez mas, antes de que aparecieran las estrellas para orientar los picos de las botellas de cidra rumbo a la marea alta que esperaban las vacías copas de los viajeros extraviados en este viejo y maravilloso puerto.
Comments
:)
Los caballos nada conocen de la realidad ni de los paisajes que describes, pero presienten que algo les falta.