Un Diario Sin Noticias
Ya lo decían en los titulares de las paredes y lo ponía el reloj que marcaba las 9:21am. Envuelto en el edredón, me di media vuelta como es costumbre cuando me molestan los riñones de tanto estar acostado, solo para seguir en la cama y a pesar de la dolencia, pensar en la mejor manera de dar aviso de mi ausencia a los de la oficina. Desde la adolescencia sufro de un mal, (no, no es el de los riñones) es el de ver pasar los días libres sin hacer nada. Hoy no trabajo, así que... ¿en que me ocupo?
En teoría no es tan difícil ocuparse si sabes que hay un mundo de cosas sucediendo, pasa de todo a cada minuto y el mundo en general pasa de todo. Es tan vulgar nuestra indiferencia hacia lo que no se acerca a nuestra realidad o conveniencia, que nos hemos convertido en verdaderos apáticos de la vida misma y lo que es peor, extraños dentro de nuestro propio espacio, en el cual ambulamos sin hacernos preguntas. Dándole vueltas al salón arrastrando el pijama y mintiéndole a una maquina sobre mi catarro de un día, la pregunta era si de veras quería poner mis observaciones en la práctica.
El pronostico del tiempo mas que una broma de mal gusto, me dio una excusa para no opinar acerca de nada, solo guardar mis comentarios, mantener el silencio con el propósito de poder escuchar y observar para saber si no estaba camino a obliterar fragmentos del día, siempre extraviados entre el desperdicio de las palabras, el abuso de las repeticiones sin fin y la congestión del aire, esta última con tantas nuevas tendencias, mas que un lavado parece un constante bautizo cerebral.
Para empezar, hay que entender que para saber a donde vamos, es necesario saber de donde venimos, tenga o no relevancia con el destino final, lo que importa es la forma que toma el camino mientras sé hace así mismo. Lamentablemente yo no se a donde voy, lo único que se es que llevamos tres semanas sin Bergman y ya estamos todos indiferentes de nuevo. Tampoco te diré de donde vengo, no ahora. Eso es algo que protejo para que los demás no me hagan daño. Claro que si te basta, te podría dejar ver un poco algunas de las cicatrices que guardo detrás de esta pagina de portada pero nada más porque detrás de cada una se esconde una historia. Y recuerda que aparento ser un hombre de pocas palabras, al menos las dichas.
Volviendo a los titulares del día y considerando que su importancia seria al menos un poco mas trascendental que policías camuflados en caravanas multando ebrios y bateristas de autopista o que si la pantalla del iphone te ciega mas rápido o no, hay otras noticias que nos rozan las patillas pero nunca hayan la manera de meterse en nuestros oídos porque en la mayoría de los casos, las consideramos menos importantes que el valor de los inmuebles o el tráfico en las tardes. Para empezar, en este mismo momento hay alguien que llora porque no tiene un espacio propio en donde cuestionarse a sí misma y poder esconderse de sus rollos con los demás. Un vecino sufre de un dolor de espalda sepultural, pero aun así, su catre es un incansable corcel mecánico. Una chiquilla sonreía al darme puntapiés mientras su madre le coqueteaba a un skinhead. Este vecindario esta inundado de zombies y lo he descubierto mientras cruzaba las calle golpeándome con otros transeúntes que parecían no verme. A un cocinero impromptu se le ha roto la botella de aceto balsámico por el camino; la había comprado en la costosa tienda italiana al otro lado de la ciudad (ver noticia anterior). Una madre esta alegre porque uno de sus hijos que vive en el extranjero está saliendo con la sobrina de un respetable cónsul. A esa misma madre le invade la tristeza al saber que uno de sus hijos, que también vive en el extranjero, se ha separado de su adorable esposa. A una amiga tuya le ha llegado correo a su dirección antigua pero ella no lo sabrá hasta mañana. En una oficina un jefe se preguntaba si debía dudar o no en los motivos de la ausencia de uno de sus empleados. Un hombre de edad media ultimaba con su hijo de nueve años los detalles del viaje al mar báltico. Un chico francés bromeaba con su novia que ya no se casan este jueves. Un irlandés bromeaba con su novia de que esta noche se va de cervezas, lo cual hizo eventualmente. Los vampiros paseaban en bicicleta mientras sus perros corrían y se rascaban las pulgas a la vez. Después de una mañana de sol y cielos azules cayó un aguacero que afortunadamente me pilló dentro de casa, mientras me echaba una siesta en el sofá.
Hubiese sido un día mas o un día menos, pero una vez atado a un hecho, una conversación o una imagen, estos días que parecen vacíos llegan a convertirse en “aquel día”, o “ese día”, “el día”, pero siempre señalados afinadamente y de manera particular. El resultado final se aprecia cuando ese día ha quedado atrás y por alguna u otra razón hacemos referencia a él para recordar el hecho que en principio nos hizo acordarnos del día. Una enseñanza, una anécdota, un recuerdo perdido, una cara que no se olvida, el olor de un perfume que nos lleva de vuelta a esa fecha donde no esperábamos volver, las fechas en los billetes del avión y ni hablar de las fechas de caducidad en los comestible. Esta mermelada de fresas vence hoy, vaya casualidad.
Retomando el tema de la apatía y el encerramiento en lo propio también hay días que dejamos pasar y en los cuales prestamos muy poca atención, recordamos muy poco de lo que se dijo o sucedió, nos dejamos absorber por lo que hacemos pero no se nos queda nada. Como ya lo he dicho, nos cansamos de tanta repetición que no sólo fatiga sino que también nos acostumbra y lo aceptamos como una sensación segura y de normalidad que nos dota de la capacidad de no distinguir un día de otro. A estos infames les llamamos el “otro día”, “no me acuerdo que día”, “un día”.
Una amiga nuestra me comento el otro día que haces una ensalada de lentejas que no te lo crees. Me gustaría que después que hayas vuelto, me invitaras el día que las preparases y así yo te expondría mis argumentos sobre lo que la influencia de lo externo y la motivación de afuera pueden llegar a hacer para que el ojo que nos queda bueno después de la guerra vuelva a enfocar las cosas con perspectiva, contradiciendo lo que diga la mirada tuerta. Lo mejor es que me baso en absolutamente nada.
En teoría no es tan difícil ocuparse si sabes que hay un mundo de cosas sucediendo, pasa de todo a cada minuto y el mundo en general pasa de todo. Es tan vulgar nuestra indiferencia hacia lo que no se acerca a nuestra realidad o conveniencia, que nos hemos convertido en verdaderos apáticos de la vida misma y lo que es peor, extraños dentro de nuestro propio espacio, en el cual ambulamos sin hacernos preguntas. Dándole vueltas al salón arrastrando el pijama y mintiéndole a una maquina sobre mi catarro de un día, la pregunta era si de veras quería poner mis observaciones en la práctica.
El pronostico del tiempo mas que una broma de mal gusto, me dio una excusa para no opinar acerca de nada, solo guardar mis comentarios, mantener el silencio con el propósito de poder escuchar y observar para saber si no estaba camino a obliterar fragmentos del día, siempre extraviados entre el desperdicio de las palabras, el abuso de las repeticiones sin fin y la congestión del aire, esta última con tantas nuevas tendencias, mas que un lavado parece un constante bautizo cerebral.
Para empezar, hay que entender que para saber a donde vamos, es necesario saber de donde venimos, tenga o no relevancia con el destino final, lo que importa es la forma que toma el camino mientras sé hace así mismo. Lamentablemente yo no se a donde voy, lo único que se es que llevamos tres semanas sin Bergman y ya estamos todos indiferentes de nuevo. Tampoco te diré de donde vengo, no ahora. Eso es algo que protejo para que los demás no me hagan daño. Claro que si te basta, te podría dejar ver un poco algunas de las cicatrices que guardo detrás de esta pagina de portada pero nada más porque detrás de cada una se esconde una historia. Y recuerda que aparento ser un hombre de pocas palabras, al menos las dichas.
Volviendo a los titulares del día y considerando que su importancia seria al menos un poco mas trascendental que policías camuflados en caravanas multando ebrios y bateristas de autopista o que si la pantalla del iphone te ciega mas rápido o no, hay otras noticias que nos rozan las patillas pero nunca hayan la manera de meterse en nuestros oídos porque en la mayoría de los casos, las consideramos menos importantes que el valor de los inmuebles o el tráfico en las tardes. Para empezar, en este mismo momento hay alguien que llora porque no tiene un espacio propio en donde cuestionarse a sí misma y poder esconderse de sus rollos con los demás. Un vecino sufre de un dolor de espalda sepultural, pero aun así, su catre es un incansable corcel mecánico. Una chiquilla sonreía al darme puntapiés mientras su madre le coqueteaba a un skinhead. Este vecindario esta inundado de zombies y lo he descubierto mientras cruzaba las calle golpeándome con otros transeúntes que parecían no verme. A un cocinero impromptu se le ha roto la botella de aceto balsámico por el camino; la había comprado en la costosa tienda italiana al otro lado de la ciudad (ver noticia anterior). Una madre esta alegre porque uno de sus hijos que vive en el extranjero está saliendo con la sobrina de un respetable cónsul. A esa misma madre le invade la tristeza al saber que uno de sus hijos, que también vive en el extranjero, se ha separado de su adorable esposa. A una amiga tuya le ha llegado correo a su dirección antigua pero ella no lo sabrá hasta mañana. En una oficina un jefe se preguntaba si debía dudar o no en los motivos de la ausencia de uno de sus empleados. Un hombre de edad media ultimaba con su hijo de nueve años los detalles del viaje al mar báltico. Un chico francés bromeaba con su novia que ya no se casan este jueves. Un irlandés bromeaba con su novia de que esta noche se va de cervezas, lo cual hizo eventualmente. Los vampiros paseaban en bicicleta mientras sus perros corrían y se rascaban las pulgas a la vez. Después de una mañana de sol y cielos azules cayó un aguacero que afortunadamente me pilló dentro de casa, mientras me echaba una siesta en el sofá.
Hubiese sido un día mas o un día menos, pero una vez atado a un hecho, una conversación o una imagen, estos días que parecen vacíos llegan a convertirse en “aquel día”, o “ese día”, “el día”, pero siempre señalados afinadamente y de manera particular. El resultado final se aprecia cuando ese día ha quedado atrás y por alguna u otra razón hacemos referencia a él para recordar el hecho que en principio nos hizo acordarnos del día. Una enseñanza, una anécdota, un recuerdo perdido, una cara que no se olvida, el olor de un perfume que nos lleva de vuelta a esa fecha donde no esperábamos volver, las fechas en los billetes del avión y ni hablar de las fechas de caducidad en los comestible. Esta mermelada de fresas vence hoy, vaya casualidad.
Retomando el tema de la apatía y el encerramiento en lo propio también hay días que dejamos pasar y en los cuales prestamos muy poca atención, recordamos muy poco de lo que se dijo o sucedió, nos dejamos absorber por lo que hacemos pero no se nos queda nada. Como ya lo he dicho, nos cansamos de tanta repetición que no sólo fatiga sino que también nos acostumbra y lo aceptamos como una sensación segura y de normalidad que nos dota de la capacidad de no distinguir un día de otro. A estos infames les llamamos el “otro día”, “no me acuerdo que día”, “un día”.
Una amiga nuestra me comento el otro día que haces una ensalada de lentejas que no te lo crees. Me gustaría que después que hayas vuelto, me invitaras el día que las preparases y así yo te expondría mis argumentos sobre lo que la influencia de lo externo y la motivación de afuera pueden llegar a hacer para que el ojo que nos queda bueno después de la guerra vuelva a enfocar las cosas con perspectiva, contradiciendo lo que diga la mirada tuerta. Lo mejor es que me baso en absolutamente nada.
Comments
me encanta tocar con la tripa el suelo de las piscinas.
una horita mas en barajas y salgo volando.
A parte de eso, y de que espero que pruebes esas magníficas ensaladas, con tu perfil tuerto o no... una recomendación para tus días apáticos, yeux, escribe... porque el placer no sólo será tuyo. Me encantó el texto... entre otras maravillas:
"Los vampiros paseaban en bicicleta mientras sus perros corrían y se rascaban las pulgas a la vez"
besos, yeux, siento haberme alargado tanto, you know
Te dejo un saludo
Musa Rella
El ocio parece ser algo extraño. Cuando no trabajo, quiero levantarme temprano y no puedo. Y así llego al mediodía. No está bien eso, no aprovecho el descanso.